La Iniciativa Ciudadana de los Evangélicos

INICIATIVA SOCIAL EVANGÉLICA

 

Conclusiones en cuanto a la asignatura de educación para la ciudadanía:

 1.- Consideramos que el derecho y la libertad de los padres a educar a sus hijos en sus propias convicciones morales y religiosas ha de ser reconocido, reafirmado y salvaguardado por las Autoridades civiles competentes. El Estado y sus Instituciones han de ser plenamente neutrales en materia de formación ética, religiosa o ideológica, debiendo quedar estos ámbitos a la sola y libre voluntad de las personas y las familias. El respeto a la libertad individual debe quedar claramente reflejado en el derecho de los padres que así lo deseen a que sus hijos no cursen la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”, amparándose en el recurso a la objeción de conciencia, cuando éstos consideren los contenidos y/o fines de tal asignatura como contrarios a sus propias convicciones o principios, sean éstos del orden que sean.

 2.- Se debe evitar el enfrentamiento entre esta asignatura y la formación religiosa ofertada por las diferentes Confesiones. Consideramos que la orientación religiosa, ética o ideológica pertenece al ámbito de la libertad del individuo para elegir su propia concepción de vida buena; por tanto, es la misma condición de ciudadano de un Estado de Derecho la que ha de amparar y posibilitar las condiciones necesarias para que se produzca dicha elección. No sólo no existe, pues, incompatibilidad alguna entre la condición de ciudadano y la de fiel de alguna religión, sino que la primera debería garantizar la posibilidad de la segunda. Por esta razón, abogamos por tal consideración del hecho religioso dentro de la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”, y por el mantenimiento y apoyo de la enseñanza religiosa de las diferentes confesiones en su configuración actual.

 3.- Cualquier asignatura es susceptible de caer en el adoctrinamiento político o ideológico, y ésta, más aún debido a sus especiales características, también lo es. Por lo tanto, demandamos de los responsables y encargados de su desarrollo una especial responsabilidad. Defendemos la labor de la escuela en materia de valores como un “enseñar a pensar” más que como un “enseñar qué pensar”; por tanto, rechazaremos cualquier forma de imposición fáctica de un determinado pensamiento como el único legítimo, sea de la naturaleza que sea. Consideramos que aprender a ser ciudadano consiste en reconocer en los demás una libertad igual a la propia para elegir sus valores y perseguir sus fines dentro del marco de las leyes; y, de este modo, reconocer a los demás su igual dignidad como ciudadanos.

 4.- Alentamos a que prevalezca un método transversal de transmisión general de los valores ciudadanos en las aulas. Entendemos que el método transversal se ha demostrado un modelo demasiado vago, pues se limita a establecer una serie de objetivos generales, cuyo cumplimiento es, en última instancia, difícil de valorar. No obstante, consideramos que profundizar y desarrollar esta perspectiva podría ser muy beneficioso a largo plazo, aunque sea más complejo y exija un esfuerzo de formación permanente y una fuerte dosis de motivación por parte de los docentes. Todo esto, con independencia de la asignatura de “Educación para la Ciudadanía”.